Fuelle - Vacío

Te abro por primera vez y veo que eres

como un átomo

como Buda

como el ego

como la red social:

Vacío en esencia.


Mate solo en Madrid, árboles tísicos,

periferia de bloques anaranjados.

Yonkilatas hermano.

Ser de aquí y no serlo,

soy de una luna de Saturno.


Mira qué guapos los cartoncitos del fuelle,

cada maderita de las máquinas,

las lengüetas, los macaquitos.

Todo diseñado para que pase aire.

Nada más que eso.

Solo aire.

Pero no corre ni una puta gota.

Hay un sol que raja la tierra.

Bruma de polución, M-30.

Trabajos precarios, swipear en Tinder.

Calimocho en la puerta del garito,

teenagers infinitos.

(¿Dónde coño está aquí el tango?)

Tocar solo.

Explicar que no eres un acordeón porque aquí nadie conoce a Astor Piazzolla.

-Me he aprendido Adiós Nonino.

-No sé qué es eso.

Barrios de concreto,

ventanas inquietantes, líneas de metro,

líneas del ojo, líneas de speed.

Riñoneras, mechas rubias, uñas largas.

Polo Sport, North Face, Harrington.

Bandoneón, ¿qué haces aquí?


Deshidratarse en esta enorme ciudad sartén

orgullosa de su jerga,

sin raíces,

que ha hecho del extrarradio y su iconografía una bandera.

(tarareo Gricel y nadie sabe de qué hablo)

(Comparto Garganta con arena y nadie entiende por qué es emocionante)

(Tengo atorada tanta ternura que de una sola ternura a Dios puedo parir

pero nadie parece verlo)

La sequedad te agrieta y yo aprendiendo,

a cuidarte con Titebond,

a cambiar tus cueritos,

a entender por qué vibras,

a descifrar tu teclado como me descifré a mí mismo en terapia.


No hay nada aquí que me recuerde a ti,

pero no puedo dejar de pensarte.

No te encuentro en los turistas del centro.

Ni en las marquesinas de autobús.

Ni en los cafés nuevos que fingen ser antiguos.

Ni en los ensanches urbanísticos.

(Un poco en los locutorios)

Ni en el aire performativo de las milongas

como un ritual obsoleto.


Qué solitario el camino de sentirse ajeno a todo.

Qué vacío el cuestionarlo todo.

Pero te sientas en mis rodillas,

y cruzas tus dedos con mis dedos,

y todo tiene un poco más de peso.

(Los perros del vecino ladran.

Es porque no te entienden, como todo lo demás.)