Teclado derecho - horizonte de sucesos
Todo
se está cayendo, bandoneón.
Un susurro a mi izquierda
(Un
dos
tres
y...
Arranca el contrabajo la milonga.
Pum – Pakumpa – Pum – Pakumpa
(que es un beat de reggaetón acelerado en mi cabeza)
Las guitarras se hacen las cancheras
y nuestras manos derechas,
variaciones, semicorcheas.
Todo se está colapsando, bandoneón,
pero todavía hay alguna pareja en la pista.
Despistada
El monte se prende fuego.
Vuelan helicópteros y retenes.
Se desalojan pueblos, los pinos son negros,
perdemos un territorio tras otro.
Re menor armónico como Pichuco.
A dos manos abriendo cerrando.
En arpegios, terceras.
‘Es re importante la técnica’
Pero qué banal mientras todo se desploma.
Naufraga otra balsa en el Mediterráneo.
Un hombre envejece solo preguntándose qué hizo mal.
Una familia ve el vídeo (de la violación) de su hija que se viralizó en el instituto.
Ondean banderas de Ucrania en Cibeles,
genocidio en streaming,los tanques se preparan para la guerra.
Uy, mira, un arreglo del Vals de Amelie.
No puedo tener un instrumento de fuelle y no tocar el Vals de Amelie.
(Emoji con brillos en los ojos,
lo subiré a Reels de Instagram).
Ya el mundo no es igual que cuando nací,
mucho menos cuando naciste vos, bandoneón.
Sos un recuerdo de cuando aún llovía.
Cuando
había Holocaustos pero también
esperanzas
y utopías.
Tío, bájate un día a casa con la guitarra y jugueteamos
tango flamenco, tango rumbita, ¿no?
Una yonki a las tres de la tarde de invierno,
temblando, sin pantalones,
las bragas meadas, me han echado a la calle.
Me han echado.
Un hombre, de su casa, no sé quién es.
Quizás violada.
Cincuenta y pico, la piel curtida.
¿Quién te tira a la calle como una colilla?
Piso lo que queda de pucho
y entro al boliche, todos camisa negra.
Quedan los valses y tres tandas.
No le aflojen a D’Arienzo, muchachos,
acá metemos talón hasta que se rompa el escenario.
Todo se está rompiendo, bandoneón.
Hay tanto dolor en el mundo que me abruma.
Escribo relatos y consignas y fanzines y rap y artículos y poemas y análisis y ensayos y novelas
y tangos.
Pero nada es suficiente,
nada expresa el dolor del mundo.
(Solo tu mano derecha)
Tu mano derecha tiene gravedad propia.
Nada
se expresa
como tu mano
derecha.
Al sonido de tu mano derecha
el espacio tiempo se curva, se hace trenzas.
La silla plegable en el centro de la pieza.
Vos sonando en mis dedos como puedo.
El nudo en la garganta.
Fa sostenido menor, Los sueños
Los objetos, poco a poco,
se mueven. ¿No lo ves?
Están vibrando mientras toco.
La cajita de Lucky Luke,
las fotos de la pared,
las mixtapes de cuando era rapper,
se deslizan, suaves, por la mesa,
el gotelé, los estantes.
Flotan a mi lado Ulises y La montaña mágica,
Pascual Contursi, Ursula K. Le Guin.
Calzoncillos del cesto de la ropa,
la lámpara fea de Ikea,
el papel de los mocos que cayó bajo la cama.
Orbita mi microcosmos alrededor de tu sonido, bandoneón.
Y más allá las macetas del balcón,
los cubos de reciclaje,
los coches de policía nacional,
las mandarinas de la frutería del Baraka,
la ropa de los tendederos,
el agua de la fuente,
el captador de la ONG,
los buzones de Correos,
las cerámicas de recuerdo de Mérida de una terraza,
los paquetes del repartidor de Amazon,
las ventanas feas de las viviendas de protección.
Todo, bandoneón, toda la realidad orbita,
de repente,
alrededor de tus agudos, de tu melancolía, de tu emocionalidad.
Sobre mi cuarto y mi techo la totalidad en espiral,
lenta,
sin que nadie pueda percibirlo,
es absorbida por ti
por vos
Y todo cae en tu interior, agujero negro,
hasta la luz,
y queda congelada en tu límite la imagen de todo,
y de mis dos pasaportes,
inusual
horizonte
de sucesos.
(Tú, loco, qué haces
deja de estudiar y vente a tomar una que la vida es corta.
Deja de ser tan intenso
y abraza la superficialidad
un
rato.)